Desan(u)dando el espacio
Siempre decimos que queremos desenredar el ovillo, desenredarnos. ¿Será así realmente? Una de las cosas más interesantes y jugosas que nos transmiten las enseñanzas espirituales sobre la no dualidad, en mi caso me refiero principalmente al dzogchén, es algo que nos puede chocar: ¡nunca hubo enriedo realmente! Nos dicen: contemplá el cielo despejado, sin nubes, quedate un tiempo contemplando esa presencia infinita, espaciosa… así es nuestra verdadera naturaleza. Cognición y claridad pura. El tema ocurre cuando aparecen las nubes, las cuestiones, los problemas, las situaciones, las tensiones. ¿Qué pasa con esto? Son como las nubes en el cielo, o los reflejos en el espejo. Nos dicen algo interesante: la verdadera naturaleza es vacuidad y claridad sin separación, ambos son aspectos de lo mismo. Vacuidad se refiere a que las nubes, los reflejos, nada de eso tiene realidad sustancial, son procesos y manifestaciones pero no tienen sustancia real, aunque nuestra percepción nos grite que sí. Claridad refiere precisamente a que aunque no haya una solidez real, sin embargo estos reflejos, situaciones y condiciones se manifiestan. Los movimientos del hilo. ¿Pero cuando aparecen los nudos? Cuando creemos demasiado en la sustancialidad definitiva de esos movimientos. ¡Soy eso! parece que gritamos. Soy mis problemas, mis rollos, mi nombre. No podemos concebir estar en un sueño y que sin embargo podemos perfectamente vivirlo, con plena presencia y conexión con esa manifestación, pero sin quedar atrapados por ella. Desde hace muchos años tengo esta imagen, de que el hombre sabio y libre verdaderamente es aquel que puede reconocerse jugando ciertos papeles, ciertos personajes, sin quedar condicionado por ellos, por un rol definido en algún guión. ¡Ninguna historia es la verdad! Es clásico el ejemplo del actor y la máscara, se complica cuando se nos queda pegada la máscara. Pero hay una trampa en ese ejemplo: supondríamos que la máscara es algo falso y el “alguien” que hay detrás es el verdadero. ¡No hay nadie tras la máscara! Simplemente la conciencia pura manifestándose en un punto relativo. Nos cuesta mucho experimentar y reconocer esto. Pensamos que eso es terrible, que tenemos que ser, y para forzar la sensación de ser nos metemos a pleno en el sueño y nos perdemos allí, pensando que eso es realismo, concretud, “vivir a pleno” la vida. Me refiero a algo sutil quizás… no es renunciar a vivir la vida, en absoluto. Entregarse a vivirla pero sin “dejar rastro” en el cielo, como un pájaro en vuelo, o reconocer más bien que en nuestra verdadera esencia no hay rastro posible. Nada “malo” ni “bueno” puede mejorarla o empeorarla, aunque podemos quitarnos de encima la innecesaria fijación y pesadez. Es un juego de luz y energía, como un proyector o cristal luminoso central y ante eso se manifiestan condiciones que producen efectos de sombras y modulaciones de color. ¿Es malo ese proceso? Platón lo manifestó en su famoso ejemplo de la caverna, nos coloca encadenados frente a la proyección de un juego de reflejos producido por cosas que están entre nosotros y la luz. Lo “malo” o innecesario es quedarse allí, condicionado, cuando uno puede reconocer la fuente fundamental, que está absolutamente incondicionada por los reflejos o lo que produce los reflejos. Descansar en ese reconocimiento internamente, y al mismo tiempo vivir en profunda conexión e integración de nuestras dimensiones de cuerpo, energía/emoción y mente.
ReneSSensE
Querid@s, estamos viviendo un momento muy importante a nivel humanidad y en todo el mundo. Todos los momentos son importantes, todos son esenciales, pero así como en el cuerpo todo, cada milímetro, es importante, funcionalmente algunas partes tienen cierto rol de nodos, por ejemplo las articulaciones. De algún modo, estamos viviendo una especie de articulación evolutiva.
En estos momentos es fundamental mantener un corazón abierto y sensibilidad a una inspiración integral. En estos momentos es muy importante, por los medios que cada uno disponga y según sus características, olfatear lo más posible la multidimensionalidad de la vida en general. Venimos de épocas en las que parece que los personajes centrales fueran los “técnicos”, en una cultura muy técnica, donde se supone que por conocer las causas y detalles mecánicos de algunos procesos una persona estuviera realmente capacitada para marcar rumbos. Es como si por conocer detalles de mecánica, el mecánico de un auto fuera la persona más capacitada para conducirlo, o mejor aún, que por ser quien lo conduce, un conductor tuviera condiciones suficientes para establecer la mejor ruta sin un mapa, sin una referencia más amplia que vaya más allá de la dimensión de lo inmediato o coyuntural. Esto se reconoce relativamente en el mundo de los negocios y la política, pero sin embargo siguen creyendo que son los técnicos los que pueden establecer el rumbo. Esto claramente no es y no puede ser así. Son importantes, por supuesto, pero es otro orden de conciencia el que establece el rumbo y la inspiración, y necesitamos inspiración que vaya más allá de la dimensión inmediata o básica, necesitamos visionarios intuitivos que tengan integrado el corazón con el cerebro y las tripas. Uno de los núcleos de la enseñanza “espiritual” o integral de TODA la humanidad es que nuestra existencia se manifiesta en esas tres dimensiones: cuerpo, emoción y mente. No es este el lugar para entrar muy profundo en esto, pero estas dimensiones pueden tener aspectos limitados o inferiores y otro aspecto abierto, integrado e integrador. Cuando hablo de emociones, no hablo precisamente de su aspecto condicionante, por ejemplo vinculado a la posesividad o la territorialidad.
Necesitamos inspiradores que sean poetas-visionarios integrados e integradores. Los técnicos suelen pensar que porque conocen algunos detalles operativos, tienen mejor “criterio de realidad”. Como Hermann Hesse nos recuerda en su excelente escrito Obstinación, los técnicos decían que era completamente imposible que hubiera una guerra mundial a principios del siglo XX. La verdad es que no saben tanto como creen que saben, o como se presentan sabiendo. “Saber” entendiendo esto como un supuesto conocimiento de cómo “es” la realidad objetivamente, aparte de nosotros. Esta es una gran ficción que solo conduce al condicionamiento y el dominio. Porque siempre nuestra relación con lo real está modulada por las creencias y expectativas que tenemos. Pretender imponer un criterio de realidad único y definitivo es un acto de brujería, una magia negra, que puede ser inconsciente cuando sus operadores creen realmente que es la única realidad posible. En lugar de ayudarnos a descubrir cómo construimos realidades y que el futuro en definitiva es maleable, los “brujos” del presente en su mayoría se sienten muy orgullosos de su capacidad para condicionar conciencias y viven enlazándolas a limitaciones, principalmente comerciales o políticas.
Estamos viviendo ese proceso que muchos sentimos o intuimos desde hace años, que vimos surgir tímidamente y que fue creciendo, una gran crisis cultural, económica, humana y por supuesto también psíquica y espiritual. La supuesta racionalidad que iba a “ordenar” el mundo y mejorarlo, optimizando los sistemas de producción y la vida de las personas está mostrando su impotencia cuando la crisis ecológica global se muestra cada vez más clara, y no me refiero solamente al “aire limpio”. Ecológico implica sistémico, la visión que tenemos de cómo funciona la realidad, que aunque hace tiempo se va reconociendo que es un proceso muy complejo y multideterminado, de redes de entrelazamiento al punto en que parece que todo en la realidad es interdependiente con todo lo demás, nuestras estructuras de producción, control y los criterios de “realidad” comunes se focalizan en secuencias limitadas de causa-efecto y en los mecanismos más básicos de nuestra conciencia, la búsqueda de satisfacciones elementales y territorialidades primarias.
Este proceso está ocurriendo, estamos comenzando a arder, y necesitamos inspiración para que eventualmente el Fénix pueda nacer. No estoy bajando línea, indicando o diciendo qué debe hacerse, solamente sugiero que necesitamos una buena integración de las tres dimensiones fundamentales en su mejor aspecto: cuerpo, emoción y mente. Los tecnócratas defensores del sistema que se derrumba dicen que esto no es posible, que son bobadas idealistas, y debemos estar muy atentos a no caer precisamente en esa actitud. Muchas veces cuando nos rebelamos ante estructuras de poder, lo hacemos actuando precisamente lo que el discurso de esas estructuras define como negativo, siguiendo con eso la misma dimensión del dominio. No seamos ingenuos en el sentido más negativo.
Pero tampoco caigamos en el dictamen de que solo los técnicos pueden determinar qué se puede hacer correctamente y de modo seguro. ¡No lo saben! Realmente no lo saben. Usan aquello a lo que están acostumbrados y lo dicen con tanta seguridad para que lo creamos, porque solo creyendo en una visión esta se encarna. La economía, por ejemplo, funciona en gran medida en base a la creencia. Casi al modo de una religión, si no creemos en un sistema y en un modo de organización, este no se sostiene, no funciona. Por supuesto, esto no es arbitrario, tiene que haber cierta correlación entre la conformación cultural de un grupo humano y la organización económica, pero no es una descripción totalmente objetiva de una realidad única conocida por “ellos”, es una descripción relativa y una elección dentro de cierto margen de posibilidad que incluye todas las dimensiones de lo humano.
Pero tristemente, es lo que suele ocurrir. Las visiones inspiradas, que nos llegan a veces desde distintos lugares, cuando comienzan a crecer tienden a cristalizarse y ser cooptadas por la parte más limitada y limitante de nuestra humanidad. No es que “ellos”, los “hombres grises”, vengan de otro planeta y se nos impongan como algo totalmente externo, son manifestación de limitaciones en nuestro modo de ser, son la oferta ante una demanda parcialmente creada por nosotros mismos. De hecho no sé si hay un nosotros y ellos, esas dualidades son muy útiles para sostener mitos y ficciones pero en última instancia no son reales. En todo caso, aparecen estos agentes del “orden” y comienzan a tecnificar todo, a armar esquemas definitorios, muy sólidos y concisos, creando mucha solidez a partir de algo que fue proceso, intuición y visión. Pareciera que en nuestro momento evolutivo necesitamos algo de esto, como si nos tranquilizara, nos diera una sensación de que hay ahí afuera una realidad que se sostiene por sí misma, ese orden es “real”. Pero también pasa que por supuesto la ilusión termina siendo desilusión, y el ciclo continúa. Ahora estamos en un momento de estos, en plena desilusión aspirando a ilusionarnos nuevamente. Es un momento chispeante o mágico, digno de la famosa maldición china: “que vivas en tiempos interesantes”.
Pero en estos momentos, como decía, necesitamos soñadores lúcidos con el corazón abierto, el espíritu lúcido y los pies, bueno, cerca de la tierra. Sin un poco de vuelo para inspirarnos, no tiene efecto. No es momento para dejarnos encadenar por la supuesta concretud realista de los tecnócratas, pero debemos rastrear en nuestro corazón el hilo dorado que guía estos procesos. Estamos todos participando en algo que nos trasciende como individuos, pero se manifiesta también individualmente, y es en nuestro corazón donde debemos rastrear esa guía, muy sutil, que a veces corre tanto peligro de desdibujarse con tanto movimiento social y megáfono, con tanta emoción cruda que puede derivar en despliegue de energía destructiva para y por sí misma, o caprichos delirantes. En esos terrenos nos movemos, y necesitamos más que nunca acaso, aquella analogía esotérica de las cualidades de los cuatro elementos: la osadía del fuego, la sensibilidad del agua, la movilidad del aire y la concretud de la tierra. Este sello necesitamos en nuestro corazón, estos cuatro elementos naturales en las tres dimensiones de cuerpo, emoción y mente brillando en nosotros ante este horizonte semi iluminado que parece ser al mismo tiempo ocaso y amanecer.

Están manifestándose movimientos o expresiones de distinto tipo en todo el mundo, incluso en los lugares donde “técnicamente” sería menos probable, donde más férreo dominio había, expresando rechazo ante las limitaciones arbitrarias de sistemas de “orden” que ya insultan lo humano tal como lo vamos reconociendo cada vez más. Las menitras ridículas del aparato financiero global se hacen cada vez más claras, y ya a todas luces parecen insultos abiertos al criterio humano más básico. Rescates millonarios financiados por supuesto con dinero proveniente del trabajo de las personas comunes, destinados a estructuras corporativas que supuestamente son “necesarias” para que el show siga funcionando y la cosa siga adelante. Ya lo conocemos todos, los desmanes producidos por sus juegos especulativos creando y recreando más y más niveles virtuales financieros, generando y generando ficciones numéricas sobre dineros que ya nadie tiene ni pretensiones de comprender. Pasó por un tiempo, acompañado por la complejización técnica (nuevamente) de estos mismos juegos, la proliferación tecnológica y la distancia cada vez mayor entre los seres humanos más o menos ordinarios y los focos de decisión y organización de estas cuestiones. Pero llega un punto en que vemos claro con el corazón algunas cosas, que no puede ser, no es posible que siga este juego. Claro, no es pura bondad de parte de las personas que protestan, por supuesto en las filas de estas protestas hay infinidad de personas con frustraciones, desocupación y otras problemáticas que como suele ocurrir se lo asignan al establishment de poder como único responsable, no podemos negar algo tan elemental, pero reconocer que esto es parte del asunto no anula en absoluto la potencia de la manifestación. Y ya no hablamos de focos en países del tercer mundo sino que el problema es que hay una “crisis de fe” en los centros neurálgicos mismos del aparato: Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia. ¡Fue muy impactante escuchar que en un parque cercano a Wall Street estaban organizando “asambleas populares”! Y no se quedaron uno o dos días, fue la semilla (en Estados Unidos) de un movimiento que se extendió a otras ciudades, a otros lugares. No están protestando contra los demócratas o contra los republicanos o contra una idea o personaje en particular. Están expresando una irritación fundamental contra la arbitrariedad de un manejo de las condiciones de vida que se hace cada vez más exasperante.
El peligro, creo, de estas manifestaciones, es que en su necesidad de expresar bronca o hastío se obsesionen con la separación entre el “nosotros” y “ellos” y creen o potencien una ficción dualista demasiado fuerte que nos aleje de reconocer que la transformación y la verdadera revolución debe darse integralmente, en nosotros mismos además de contra algunas instituciones o políticas. Debemos también indagar cuáles son nuestras propias instituciones y políticas interiores. Es esperanzador que por ejemplo en muchos de estos movimientos haya tanto lugar para actividades vinculadas a la “espiritualidad” (meditaciones grupales, por ejemplo) y al arte, creo que son fuentes de posible inspiración de esta integración de la que hablaba. Por supuesto no es que haya una única manera correcta de hacer las cosas, pero en general hay vectores generales como esta trinidad de aspectos de la vida humana, que suelen ser válidos universalmente. Cualquiera de las tres dimensiones por sí misma produce efectos parciales o destructivos, al igual que si se asocian dos y excluyen a una tercera (por ejemplo, racionalidad y pragmatismo sin corazón). Esto, sería interesante que se integrara incluso en los símbolos que se usan relacionados a este proceso, que son tan importantes para movilizar y hacer converger aspectos profundos de cómo percibimos. Un ejemplo de esto es el Estandarte de la Paz, creado por el estudioso, poeta y místico ruso Nicholas Roerich a principios del siglo XX (aunque la triunidad manifestada allí hace referencia específica a ciencia, arte y religión, es otra forma de lo mismo) y que algunos de estos movimientos globales están usando, como la Red Artística Planetaria (PAN) que acompaña y se inspira en la obra de José Argüelles, entre otras y que apoya la “paz mediante la cultura”. No la cultura que vio Freud, la de la restricción y el condicionamiento exclusivamente sino la de la integración entre las distintas esferas, que integra de lo más concreto a lo más sutil, todas manifestaciones de la misma esencia que es nuestra verdadera naturaleza y la de todo lo que existe.
Necesitamos agentes inspiradores de esta triunidad, que nos ayuden a integrarnos en nuestra propia vida y en nuestra manifestación compartida, social y política. En este ocaso/amanecer, necesitamos recordatorios de esa verdad esencial que es y siempre fue esencialmente nuestra verdad inherente, que nuestra ignorancia más fundamental tan fácilmente manifiesta como destructividad arbitraria. Los técnicos pueden ser operativos en ese proceso, pero sin una mente, un corazón y un cuerpo asociados constructivamente, sinérgicamente, solo tendremos un ejército de burócratas grisáceos aburridos, alimentándose como en el libro Momo (de Michael Ende, si, el mismo de La historia sin fin) del aire que respiramos, de cada segundo de nuestra vida, y nos encontraremos al final con una cuenta llena de nada, infinita frustración y aislamiento de nosotros mismos, de las demás personas y del mundo natural en que vivimos.
on:Fire
¡Increible! El dolor más agudo está hecho del mismo “dream stuff” que la alegría, las esperanzas, los miedos, el odio y el amor. ¡Qué condicionados vivimos por las caras del prisma que polarizan, modulan y manifiestan esa misma luz! Que por supuesto es la misma esencia de ese condicionamiento, que no es más que la plasmación de otra faceta. Libertad, restricción, alegría, tristeza, dolor, ira, estupidez, todas modulaciones de la misma realidad que siempre fue la naturaleza básica de lo que somos, todos reflejos en el espejo de nuestra realidad, nunca condicionada por los reflejos. Los budistas le llaman “magical display” (manifestación mágica) a la realidad como la experimentamos (incluyendonos a nosotros mismos), modulación caleidoscópica de ese Amor sin opuesto, ese Tao inmencionable, esa Luz inextinguible.
a/duo
La naturaleza de nuestra forma humana es tal que si no recibimos amor y aceptación incondicional, nuestro marco perceptual y emocional se va cerrando y perdemos la capacidad de reconocer nuestra verdadera naturaleza, y vamos cayendo cada vez más en la ignorancia y la dualidad, y con esto vienen acompañando las emociones aflictivas en un círculo vicioso que se retroalimenta.
Hasta que no nos soltamos de este proceso, seguimos hipnotizados en variantes de la misma ignorancia fundamental.
Solo cierta familiaridad con la verdadera naturaleza (experiencias concretas de reconocimiento) permite amar incondicionalmente y con ecuanimidad. Amor, ecuanimidad, alegría, compasión desde la claridad del reconocimiento fundamental.
Mientras más condicionado sea el amor que recibimos o directamente el rechazo, más difícil será para nuestro sistema emocional poder reconocer claramente la verdadera naturaleza y más condicionada será nuestra preferencia y el amor que damos.
El amor esencial y ecuánime no es un polo de la tensión amor-odio, es la manifestación de la verdadera naturaleza de lo que somos (o sea, me refiero a algo diferente del amor que tiene opuesto en el odio).
Por eso muchas veces estar en presencia de un ser con verdadera realización produce efectos fuertes en nuestra capacidad de reconocer la naturaleza verdadera, porque no estamos habituados a ver ese amor incondicional en manifestación. Y no es que deba ser solo amistosidad melosa o grandes sonrisas, puede ser algún tipo de conducta pacífica o acciones coléricas o manifestaciones de distinto tipo. Es interesante que en idioma tibetano la palabra “maestro” (lama) significa también “madre suprema”, en el sentido de alguien que puede presentarnos el amor supremo incondicional, así habilitándonos para reconocer claramente qué somos más allá de toda ilusión y parcialidad.
SpeculuM
Más allá de cuál sea tu propio sabor preferido de trama/drama interno, la historia eje en base a la que se centra tu noción de identidad, todos compartimos cometer el mismo error: dividir el campo cognitivo en dos y plantar bandera en uno rechazando el otro, decir “esto soy yo, eso no”, derivando de ahí todos los apegos y rechazos condicionados y condicionantes. Todas las tramas personales se basan en ese mismo “acto”, que se repite cada milésima de segundo en nuestra mente y resuena emocional y energéticamente configurando el mundo del que después fantaseamos ser víctimas o triunfadores. Concedo, tomamos conciencia relativa “existiendo” en este mundo, y tiene toda la apariencia de solidez, y ante esa solidez uno tiene que ir aprendiendo a discriminar y eventualmente va surgiendo la noción de yo/otro, principal coordenada en base a la que nos armamos. Pero lamentablemente, esa distinción se basa en un error. Nadie niega que sea inevitable cierta sensación de individualidad relativa, pero lo que nos metemos a cada instante en un loop adictivo no es eso, sino un bodoque cognitivo que pretende ser la base sólida y firme de nuestra realidad. ESO es lo que NO EXISTE.
What?
NO EXISTE REALMENTE.
Pensalo. ¿Dónde existe? ¿Cómo? Es un conglomerado cognitivo de pensamientos, creencias e interpretaciones que más o menos intentamos mantener coherente y decir “soy esto” como si fueramos algo claro y distinto. Jugamos afirmando nuestro combo propio de apegos y rechazos sintiendo que afirmándolo claramente, “somos más yo”. Pero NUNCA SOMOS ESE YO QUE PRETENDEMOS ASUMIR, PORQUE NO PODEMOS “SERLO”, PORQUE NO EXISTE. Reitero: cierta individualidad relativa es inevitable en este modo de existencia que experimentamos, pero nos volvemos adictos y postulamos una solidez y masividad de esa identidad que es totalmente ilusoria, y nos pasamos la vida desesperadamente intentando definirla y asirla, lo cual por supuesto es como intentar atrapar agua con las manos. NO HAY NADA ALLÍ. Nada “permanente”, aunque sí proceso.
Pero de nuevo, lo que quería plantear, es que más allá de cuál sea la narrativa o historia básica que tengamos para decirnos qué o quién somos, todos partimos del mismo error, el mismo seccionamiento del espacio cognitivo infinito que es nuestra naturaleza real y fundamental. Por lo tanto, para liberarnos realmente solo podemos hacerlo recurriendo a explorar grietas por las que explorar o re-reconocer ese espacio fundamental. Una vez reconocido esto, no se trata de renunciar a toda forma, toda definición, toda delimitación o ubicación en el espacio físico, social o mental… todo ello se manifiesta como la naturaleza “productiva” de ese estado primordial, pero que nunca atrapa a esa verdadera naturaleza. Como se dice en las enseñanzas dzogchén del Tíbet, reconocemos nuestra naturaleza como si fuera como un espejo, y las particularidades que manifestamos son como reflejos en el espejo, que no pueden alterar su naturaleza real. Por eso, la verdadera respuesta, la verdadera “salida del laberinto”, nunca está EN una historia sino que la respuesta es la base, el espacio mismo en el que se manifiesta esa historia, o cualquier otra. Ese no es un simple “espacio vacío”, tenemos una idea muy particular del espacio, como algo muerto donde no pasa nada. Este espacio está vivo y es lúcido, cognitivo, productivo. Pero NO ES “exclusivamente” las formas que produce (una u otra) y con las que nos identificamos una y otra vez, cayendo en nuestra propia trampa. Por eso nunca podremos encontrar la “verdadera felicidad” en algo condicionado, dentro de una historia o forma relativa, aunque tampoco tenemos que renunciar a toda experiencia para vivirla. Por eso un maestro siempre percibe con cierta compasión cuando alguien cree encontrar lo que “verdaderamente es” en esta u otra actividad o creencia o noción sobre sí mismo. En esencia, buscar ser “más espiritual” es tan ilusorio como ser “más exitoso” (incluso una forma de lo mismo) o “más rico”, aunque en lo relativo es verdad que ciertas condiciones, prácticas o experiencias pueden ayudar más a experimentar esa verdadera condición.
Lo que no entendemos, condicionados como estamos por un pragmatismo cada vez más desesperado y fundamentalmente vacío, es que esta posibilidad es algo muy concreto y real. Estamos hablando de un reconocimiento concreto, no un gas donde cualquier cosa es cualquier cosa y solo buscamos “sentirnos mejor”. Hay una idea muy vacía, “colgada” o hasta medicamentosa de la espiritualidad. En esencia, esto del bienestar como aspecto del camino espiritual es puro marketing. Nada asegura que el camino sea de bienestar, aunque de nuevo, ciertas prácticas o transformaciones relativamente útiles pueden ayudar a configurar un bienestar físico, emocional, ambiental. Pero ese no es el objetivo. El objetivo es este error con el que empecé, esa primera confusión fundante en la que nuestra cognición esencial queda enganchada. Pero repito, no estoy hablando de algo difuso sino de un reconocimiento claro. Reconocer la verdadera naturaleza y la verdadera libertad “allí”, en la base fundamental de toda posible manifestación, incluyendo todas las posibles condiciones o “historias” de vida, es clave. Esto es quizás la esencia de la enseñanza budista: todo el sufrimiento humano se basa en esta confusión, el creer que tener un reflejo del espejo me va a “completar” y dar la felicidad, cuando la sensación misma de incompletud viene de no reconocer que SOMOS EL ESPEJO y que nuestra verdadera naturaleza incluye a toda posible manifestación en la que podamos fantasear la felicidad (¡e incluye también a esa fantasía!). Profundamente intuimos que el juego dramático en el que entramos es ilusorio y por eso nos atraviesa constantemente una cierta inquietud o infelicidad, un “sufrimiento inherente” que al manifestarse con más intensidad por alguna situación puntual, nos lleva (como un laberinto sin salida o un espiral infinito, una especie de tragedia repetitiva) a buscar alivio aferrándonos a algo “deseable” o rechazando algo “odioso” y ahí montamos nuestra trama, que nos da más “sensación de identidad”.
¿Suena a pesadilla? Por eso, en la enseñanza budista se dice que así como entre dos vidas existe un período intermedio o “bardo”, ese bardo no es el único, y que esta misma vida es un “bardo” o estado intermedio. Buda mismo nos dice que la experiencia que tenemos de esta vida, tal como la vivimos ahora, es como un sueño. ALTO. Da para pensarlo: ¿qué carajo quiere decir con eso? Si es tan “sólido”, ¿cómo puede ser un sueño? Nos da varios ejemplos: un sueño, una pompa de jabón, el rocío de la mañana, un relámpago en el cielo…
A esa parte en nosotros va este mensaje: SOMOS EL ESPEJO, NO SOMOS EXCLUSIVAMENTE UNO U OTRO DE LOS REFLEJOS. Todo lo que experimentamos es la plasmación “solidificada” de la cognición de nuestra verdadera naturaleza. No te creas una u otra historia, como realidad absoluta. No te creas esta historia, no te creas tu propia historia. Para poder ser verdaderamente libres, debemos trascender el reconocimiento más allá de toda trama. Y no te creas que eso es tan fácil: llevamos en nosotros la inercia de milenios (el budismo lo llama karma) y nuestra compulsión a la repetición de patrones habituales (conductuales, mentales, emocionales) es potente. Incluso uno puede experimentar el reconocimiento de la esencia y perder ese reconocimiento al instante (es parte del proceso), una, diez, mil veces. Tampoco es necesario, como decía, renunciar a los “reflejos” para experimentar el espejo. Pero es fundamental grabar a fuego en nuestra mente y nuestra emoción que debemos estar presentes y atentos porque la inercia nos lleva una y otra vez, a cada instante, a caer en el patrón parcial, identificarnos con alguna historia o detalle, y perder la lucidez.
Entonces, de nuevo: podemos ser muy variados en nuestro sabor preferido de historia o drama personal, pero en el fondo es el mismo “clik”, como un imán que nos atrapa, el mismo “corte” de la base que es la esencia de todo.
/dev/spark
Estoy olfateando algo importante: algo que involucra el tema del DESEO y también el “jugo” de la vida, la chispa.
Según la enseñanza budista, el deseo, tal como lo vivimos ordinariamente, está muy relacionado con el sufrimiento que experimentamos y, más sutil o manifiestamente, atraviesa nuestra existencia. En realidad no se trata específicamente del deseo sino de la ignorancia de la naturaleza verdadera de nuestra percepción y lo que concebimos como realidad, y las manifestaciones condicionadas que se derivan de esa ignorancia: apego y rechazo, o deseo y aversión.
Cierta desesperación por tener ciertas cosas y experiencias y evitar otras, relacionado esto a la expectativa y al temor. En un punto es como si confundiésemos esa tensión con el “jugo” de la vida, y al que no tiene algo emocional jugado en el deseo y aversión lo consideramos medio muerto. Quizás ahí hay una confusión entre ese jugo y el deseo, o cierto hedonismo. Como si al faltar la tensión que produce el deseo y sus dramas faltara jugo, sabor, chispa. Como si la única alternativa fuera volverse un vegetal, o sea: o dramas, o vegetal. Quizás la mayor capacidad de felicidad profunda surja justamente de trascender el cortocircuito vital que produce el aferramiento a expectativas y temores basados en una percepción erróneamente solidificada. Y esa felicidad no es la de un vegetal, es el gozo fundamental más allá de condiciones relativas, la “chispa” del niño, que la vida humana promedio va arrasando, precisamente por esa confusión y dependencia de condiciones externas que va entristeciendo y apagando la mirada y el corazón.
Entonces, ese fuego esencial no es el que el deseo fantasea, el de la intensidad hedonista de tener lo deseado y evitar lo temido, sino una cualidad fundamental de la conciencia, que en la infancia aflora naturalmente pero después se congela y cristaliza y finalmente se apaga. Con ese mismo fuego proyectamos un holograma afuera nuestro y nos perdemos en él, llegando lentamente a la desesperación. Atamos nuestra más alta esperanza a un pedazo de holograma que se hizo pesado y sólido y olvidamos el misterio fundamental de la cognición y la realidad, y de allí se sigue una sinfonía de sufrimiento.
El supremo refugio solo puede establecerse con la naturaleza esencial de la cognición y la realidad, nunca con alguna circunstancia externa. Lo importante también, sobre todo hoy en día, es no confundir ese amor básico e incondicional con la intensidad de la sensación o la emoción. Invertir vida en ese cuadro solo lleva a perder. “El casino siempre gana”, la Matrix se lleva esas fichas. Lo cual no significa no poder disfrutar, solo estar atento donde se activa la expectativa, el temor y la ignorancia.
liquid.light
“Esto de lo que hablamos
no puede encontrarse buscándolo,
pero sin embargo, solo los buscadores lo encuentran”
– Dicho Sufi
La luz cognitiva es oro líquido, es un oro esencial del que están hechas todas nuestras experiencias y percepciones, sensaciones, emociones, pensamientos. Es como si ese oro fuera como un mercurio que adopta formas temporarias y aparentes en nuestra visión, audición, pensamiento, en toda nuestra vida, todo está hecho de esa luz. Por eso “buscarla” tiene implícita necesariamente una paradoja: se empieza buscando “algo” en la pantalla de la experiencia que un sujeto percibe como si fuera “algo más” pero nunca puede ser así. Es más bien la pantalla misma, o de lo que está hecha la pantalla, el lugar, el proyector, la luz y el espectador. Es como la electricidad de la magia fundamental que constituye todo lo manifiesto y nos constituye a nosotros. Por eso, en esencia, toda búsqueda de esa luz como objeto es infructuosa.
Sin embargo, acaso no haya otro modo. Parece que el proceso empieza necesariamente dentro del marco de la ilusión dualista: hay hartazgo del circo cíclico de la danza objetal ordinaria, la obra tragicómica de la vida humana, como una infinita sinfonía con los mismos monotemas en repetición cacofónica, como el mismo escenario circular, cambiando apenas la escenografía pero básicamente lo mismo ocurriendo una y otra vez. Y las esperanzas y temores, la armonía de base, subiendo y cayendo, con la luz de la mirada secándose con el pasar de los años por la inevitable desilusión. Parece que, como alguien me dijo hace años, la desilusión se sigue necesariamente de la ilusión.
Ilusión, desilusión, esperanza, miedo, apego, repulsión, parecen como tónicas en esta Matrix electro-cognitiva, un laberinto de espejos sin solidez alguna donde nos desesperamos por aferrar algo, sea esto lo que sea.
Todo ello, gran misterio, está hecho de esta luz u oro secreto. Alquimia suprema que transforma todo en ese oro, o más bien “destila” o reconoce su esencia, que siempre fue su naturaleza fundamental. Quizás haya aquí diferencia con la alquimia tradicional, ya que no es una materia impura que se transforma en oro a través de agregados de procesos, sino que en la materia prima “impura” ya está presente la esencia misma “totalmente pura”. En todo caso, la alquimia y la destilación son purificaciones cognitivas de la visión que no reconocía la total pureza en la aparente impureza.
Es todo y sin embargo no es ninguna cosa en particular. No puede ser significado semántico alguno pues es la base, el material del que está hecha la significación, el concepto y el perceptor. No hay en ese sentido, verdad real en ningún significado, y por ende quien pretende “encontrar” la clave esencial está condenado al espiral infinito, o a quedar atascado al apego a alguna proyección formal semántica en particular, uno de los giros del espiral, que por supuesto al confundirlo con la verdad última, será ilusorio y llevará a la desilusión y confusión.
Visión secreta
Los humanos tenemos
algo así como dos visiones:
una está dimensionalizada
en tiempo y espacio,
es la base de toda forma
y todo aparecer.
Para esta,
si soy yo
no soy tú,
si eres tú
no eres yo.
Somos lo que nos decimos,
y nos decimos plena diferencia,
hermosa y terrible diferencia
que nos hace aparecer
ignorando la base secreta.
Esta visión es distancia,
fricción, empuje, colisión,
energía, roce, escasez,
y nada sabe del Amor.
Todos los Sabios reales
han conocido el misterio
de la otra visión,
aunque es otra
solo desde la primera.
La visión secreta es un campo,
un misterio donde todo
se entrelaza en Amor secreto,
inimaginable para la Ceguera.
Este es el secreto de todos los sabios,
la Realidad no es lo que creemos,
ni somos quienes imaginamos,
ni el Amor es lo que conocemos.
Y al mismo tiempo
no hay que dirigirse a ningún lado,
no hay que cambiar nada,
ni nombrar ninguna verdad.
Ya somos puro Amor,
pura visión,
claridad total.
Pero cual tragedia sangrienta,
olvidamos nuestro secreto,
y actuamos ad-nauseam
la letanía del sufrimiento
en el infinito escenario líquido
del espacio y el tiempo.
¡Hemos actuado infinitas veces!
Siendo el mismo y sin embargo otro,
olvidando y entreviendo sin fin
la simpleza absoluta de ser gno-siendo.
¡No entones el canto opaco
de la escasez, la fricción y el significado!
¡No plantes en tu corazón
el estandarte árido de la fragmentación!
La Verdad Secreta, el Amor total
son tu verdadera naturaleza
en la base de tus pensamientos,
de tus acciones, de tus deseos.
Cirugía Zen: Hoy, amputación del yo ilusorio
DECLARACIÓN ZEN
Christopher Hyatt
Debés abandonar lo más precioso para vos.
Debés abandonar lo que amás tanto,
a lo que te aferrás.
Debés dejarlo ir.
Debés dejarlo ir.
Debés ver que estás asustado,
que algo está EN JUEGO todo el tiempo,
hasta en tus sueños, algo está en juego
TODO EL TIEMPO.
Todo lo que te impacta,
te perturba, te molesta, puede ser tu amigo.
Todo lo que te permite dormir,
ser complaciente,
te limita.
Para estar de acuerdo con tu
VERDADERO POTENCIAL
debés estar en desacuerdo con vos mismo.
ESTÁS EN JUEGO TODO EL TIEMPO
Y BUSCÁS COMIDA PARA ALIMENTARTE.
Todo lo que demora tu fin te alimenta.
Digerís esta dieta sobrecargada de GRASA.
Sos glotón, insaciable,
y necesitás GRASA constante para seguir adelante.
Usás más energía manteniendo
LA ILUSIÓN
de tu insaciable sueño que en Vivir.
Vas a CANCHEREAR hasta en la puerta de la muerte.
Pero para conocer al que no muere,
vos, el canchero, debés morir.
Debés hacer dieta y
MORIR de hambre.
Debés dejar de buscarte en la miseria,
en el orgullo imbécil
y en la estupidez histórica.
Debés dejar de cancherear
como una VACA gorda.
Debés dejar de agachar la cabeza ante tus errores.
Debés soltar tu adoración de ídolos.
Debés entregar tu miseria.
Debés dejar de mostrarte sorprendido
cuando algo te pasa
porque es siempre lo mismo.
Debés dejar de reaccionar a todo
como SIEMPRE lo hiciste.
Debés dejar de probar tu historia.
Debés dejar de proyectar el pasado
al presente y al futuro.
Debés dejar de defender tu estupidez,
TU DORMIR.
Debés dejar de defender
TU MISERIA.
TENÉS QUE DESPERTAR.
Todos y todas las cosas son comida para vos.
Cómo la gente te trata (bien/mal) es comida para vos.
Si te oponés o te conformás, todo es comida para vos.
Si estás de acuerdo o en desacuerdo, todo es comida para vos.
Disparás opiniones de esto y lo otro,
escupís autoridades para apoyarte,
todo es comida para vos.
Ya estés rodeado de amigos o solo,
todo es comida para vos.
Algo está SIEMPRE en juego.
ALGO ESTÁ SIEMPRE EN RIESGO.
Canchereás por todos lados
orgulloso de la miseria
que te causaste a vos mismo.
Vas a hacer lo que sea para preservar la miseria.
Vas a pelear,
vas a burlarte,
vas a acusar,
vas a culpar,
vas a robar,
vas a esconderte
¡todo para preservar el miedo!
Siempre hay algo en juego.
ESE ALGO SOS VOS.
Y CUANDO LO TENGAS TODO, ¿DESPUÉS QUÉ?
¿Por qué estás tan hambriento?
¿Conocés a la muerte?
¿O solo tenés vistazos de ella?
Actuás como si fueras inmune a ella,
como si pasara alrededor tuyo
pero no a vos.
Ni siquiera la muerte puede correrte
de tu desesperación por comida.
¿Qué comida viene ahora?
La miseria es comida,
y podés encontrar montones de miseria.
Nunca te va a faltar.
Nunca aprendés
porque la MISERIA es comida.
Repetís el mismo error,
la misma miseria,
una y otra vez.
Y lo peor de todo
es que lo hacés con orgullo.
Con tu actitud desdeñosa de superioridad,
CON UNA SENSACIÓN DE NOVEDAD
con una sensación de elección.
Pero es el mismo error.
Ni siquiera osás encontrar un NUEVO ERROR,
UNA NUEVA MISERIA
porque eso podría despertarte de tu
desesperación por comida.
—-
TÉCNICA
Cuando hables con otros, percatate de tus frases muertas, tus respuestas estilizadas que siguen los mismos patrones. Son indicaciones de que estás profundamente dormido. Tenés algo en juego cada vez que repetís estas frases y comentarios habituales.
Encontrá estas respuestas robóticas que querés tanto. Observalas, y después:
PARÁ
PARÁ
PARÁ
PARÁ
DeLight-BeLoveD-AWakE
¿Sentís el aroma de este instante?
¿El amor que es la materia de este campo de percepción?
Es el supremo mandala, este instante luminoso.
Su reconocimiento, la gnosis suprema,
rigpa total, presencia perfecta.
Los tres tiempos colapsan en uno
y uno se funde en ninguno
siendo todos y todas las cosas,
todos los seres, los recuerdos,
los dolores, los orgasmos,
la ignorancia, lo ordinario.
Las experiencias son como perfumes
y esta, la nota fundamental
que los constituye a todos.
¿Sentís la presencia silenciosa
que unifica este instante?
Está ahora, aquí, ante nosotros,
entre nosotros y siendo nosotros.
Es el armónico de base
de todas estas palabras,
de vos, de mí y de este momento.
¿Lo sentís detrás de tu mente?
En tu sangre, en tu ojo,
en tu tristeza, en tu olvido,
en la respuesta que estás orquestando.
Es la luz que brilla secreta
y su arcoiris de colores
son los cimientos de nuestro mundo
y de cada experiencia.
Es el sonido secreto
que murmura cuando todo calla
y detrás de todo ruido.
Es el nombre secreto
de todos los nombres.
Es la verdad definitiva
sin mentira ni verdad,
más allá de todo miedo
y toda esperanza.
Pero no es lo que crees
pues no puedes creer en ella
sino solo reconocerla.
Siempre presente
y aún desconocida,
es la silenciosa respuesta
a la pregunta que nunca hiciste.
















